viernes, 28 de junio de 2019

El barrio, la calle, la casa.


Memorias de
EL DURANGO QUE CONOCÍ…

Capítulo 1.- El barrio, la calle, la casa. 

Los primeros recuerdos que me vienen a la mente cada vez que pienso en la ciudad en la que crecí, me formé, y que aun al pasar de los años sigo teniendo presentes muy dentro de mi memoria y del corazón, son del entorno cotidiano en que me desenvolví en la infancia y buena parte de mi juventud; mi calle, que seguramente resulte ser familiar a la de muchos otros que hayamos habitado en las calles de la zona centro de la ciudad de Durango de los años 70´s.

La “manzana” en donde se ubicaba la vivienda ocupada por mi familia, estaba conformada por lotes que hoy día serían impensables para una familia de tipo medio; de 8 a 10 metros de frente con algunas variantes de menores o mayores dimensiones y de 15 a 20 metros de fondo. En general, las fachadas lucían ordenadas y homogéneas, observaban una misma altura (también altas para los estándares actuales de más o menos cuatro metros de altura y de estilo arquitectónico de herencia novohispana pero más bien tendiente al estilo vernácula[1]. Los materiales de las edificaciones tampoco variaban mucho; los muros de adobe de aproximadamente 40 centímetros de espesor, con aplanado de estuco a base de cal y pintadas de igual manera a la cal.

El paisaje urbano, aunque como ya mencioné no presentaba muchas variaciones pues estaba constituido en su mayoría por viviendas unifamiliares, de un solo nivel, también incluía otras edificaciones que acompañaban la actividad habitacional y que mas delante describiré con mayor profundidad. Decía pues, el paisaje urbano, de sencilla lectura, pero de gran memorabilidad, lo caracterizaban muros altos, cerrados y pesados, impermeables a la calle y que solamente se abrían al transeúnte de manera repetitiva y rítmica por los pequeños “vanos”[2] formados por las puertas y ventanas, en donde estas últimas se sucedían de vivienda en vivienda por grupos de 2 y en ocasiones solamente una, interrumpidas por las puertas de madera y delimitadas en algunos casos por marcos de cantera macizos (hoy día solo se recubren los castillos de concreto por lo costoso que resulta).

Los paramentos o muros perimetrales de las casas del Centro Histórico de la ciudad, al menos en ese entonces, eran todos alineados al límite del predio o "apañados" como también se conoce en el argot arquitectónico, a la usanza de las ciudades coloniales o los pueblos tradicionales de nuestro país, además de que cada vivienda se encuentra adosada a la de al lado en sus dos extremos, condición que ha prevalecido en nuevos desarrollos o fraccionamientos de la época actual y que solo en algunos entornos habitacionales de sectores socio económicos privilegiados (denominados de mala forma "residenciales"), se pueden dar el lujo de tener viviendas separadas y desplantadas al centro del predio a la usanza norteamericana.

Ese paisaje que tan familiar me era en esa época e incluso llegué a pensar que así era toda la ciudad en mi infancia temprana, fue modificándose paulatinamente con el paso de los años al cobijo de las autoridades y del desconocimiento de los propios moradores acerca del valor que hoy tendría una edificación auténtica y genuina en el Centro Histórico, no solo económico sino también histórico y cultural. Poco a poco, aquellos grandes muros fueron siendo demolidos y sustituidos por grandes portones para resguardar el vehículo que anteriormente no formaba parte de los bienes materiales familiares y que comenzaron a hacer "mella", al menos en mi entorno a mediados de los años 70´s.

Las modificaciones que se iban haciendo a las fachadas en principio, eran todas ellas sin ningún criterio, norma o regulación por parte de las autoridades en la materia y mucho menos se contaba con licencia municipal para tal efecto, ¿había que tener una licencia acaso?..., nadie decía nada, entonces la mayoría suponía que no, por tanto, esta acción se hizo muy común prevaleciendo únicamente el criterio del "ingenio" o creatividad del morador y el presupuesto en turno, teniendo como resultado soluciones catastróficas a la anteriormente pintoresca y armoniosa imagen urbana de los barrios tradicionales.


[1] El estilo arquitectónico vernácula proviene de “vernaculus”, que se utilizaba para referirse a todo aquello referente a un país (Pérez Porto & Merino, 2014)

[2] Hueco de un muro o de otra fábrica […] (Ware & Beatty, 2001)

6 comentarios:

  1. Este es un proyecto que hoy nace y que poco a poco se irá nutriendo y creciendo conforme lo vaya alimentando de nuevas historias y anéctdotas. Espero lo disfruten junto conmigo y lo enriquezcan con sus comentarios siempre bien recibidos.

    ¡Bienvenidos!

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  2. Que narrativa tan agradable, y aquí nace un nuevo historiador de nuestro amado Durango

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  3. Resulta increíble como un relato te transporta a un ambiente determinado, recordando sonidos y hasta olores...muy bonito!

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    1. Muchas gracias, es la finalidad de este trabajo, transportarlos a aquellos espacios y momentos que marcaron nuestras vidas y le dan sentido a lo que somos hoy.
      ¡Saludos!

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